Proyecto Tatami Terapia PDF Imprimir E-Mail
El proyecto de investigación Tatami Terapia parte de las siguientes premisas:

    1. El diseño de juegos motivadores sobre tatami favorecerá la habilidad psicomotora, el desarrollo psicosocial y mejorará el pronóstico del tdah.
 
    1. La metodología que se utiliza para la enseñanza del judo junto con un sistema de refuerzos, facilitará que niños tdah aprendan contenidos teóricos y técnicos al mismo ritmo que niños sin tdah.
 
    1. La adquisición de herramientas de autocontrol y habilidades sociales por parte de los padres, ayudarán a crear un clima en casa adecuado para el desarrollo del niño.
 
 Antecedentes y estado actual de los aspectos científico-técnicos 

      El judo se ha establecido por la UNESCO como una disciplina deportiva muy recomendable para la formación de niños y adolescentes. El judo, según afirma Cecchini (1989, p. 17), “Es un juego y como todo juego se aprende jugando”. En este sentido, Brousse, Villamón y Molina (1999), afirman que el Judo fue concebido por su creador, Jigoro Kano, como un método de Educación Física. Debido a esta intención educadora se puede considerar como el deporte de lucha más evolucionado éticamente (Robles, 2006). 

      Diferentes investigaciones han estudiado los beneficios del Judo para la autoestima, la depresión y el control de la agresividad (Scuderi, 2003). Y también el maestro entrenador nacional de Judo y médico deportivo Armando Barra acuña el término “judo terapia” (1986), y ha descrito que el judo podría ayudar a personas con síndrome autista. Más tarde el Proyecto Isabel Fernández que se realiza en Alicante (desde el 2002) y Barcelona (desde 2004), explora la capacidad del judo de desarrollar habilidades de interacción en personas autistas.  

      El proyecto que aquí describimos pretende establecer las bases para la intervención con niños con Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) mediante juegos de tatami y la metodología de enseñanza del judo.  

      El tdah es un trastorno con tres tipologías donde se puede emitir uno de tres posibles diagnósticos: tipo con predominio del déficit de atención; tipo con predominio hiperactivo-impulsivo o tipo combinado. 

      Los niños con este trastorno tienen grandes dificultades para permanecer sentados cuando lo requieren las situaciones estructuradas tales como la clase, el colegio, o la mesa a la hora de comer. Son además más activos que sus compañeros en las situaciones no estructuradas, como en el recreo. 

      En edad escolar, muestran deficiencias a la hora de prestar atención a las instrucciones recibidas en la escuela y en situaciones sociales. Tienen serias dificultades para diferir cualquier tipo de respuesta hasta el momento apropiado, para interrumpir el curso inapropiado de una acción una vez iniciado, o para ajustar respuestas incorrectas o no adaptativas. Estas características no son simplemente impresiones subjetivas de los adultos, sino que se pueden confirmar formalmente mediante una serie de medidas objetivas y escalas de medida rellenadas por los observadores.  

      La conducta hiperactiva y los problemas atencionales son causa de desajuste en las relaciones sociales, la impulsividad, la brusquedad, el no saber esperar turnos, el no estar atento a las reacciones de los demás, o el ocupar más espacio del que le corresponde, son comportamientos que llevan en numerosas ocasiones a la confrontación, la pelea o al aislamiento social. 
 
 

TDAH Y HABILIDADES PSCIOMOTRICES 

      La dificultad para el deporte en los sujetos con TDAH, es sin duda,  uno de los campos menos estudiados y de los que menos se sabe de los trastornos comórbidos. El exceso de movimiento y la falta de atención que caracteriza este trastorno hacen que sea difícil pertenecer a un equipo deportivo y asumir apropiadamente las reglas del juego. Hay autores que explican la ineptitud para el deporte de los niños con TDAH debido a  los problemas de coordinación motora (Pascual-Castroviejo, 2004 p. 1001).  

      La escasa investigación que se ha realizado en el estudio de la motricidad fina (Pitcher TM, Piek JP, Hay DA, 2003), han mostrado que los niños con tdah son más torpes que los niños sin tdah. Así, en un estudio interdisciplinario y prospectivo en el que colaboraron diferentes clínicas de Estados Unidos se advirtió que más de un 30% de 477 pacientes diagnosticados de TDAH también cumplían con los criterios de disfunción de la coordinación motora (Blondis, Roizen, Fiskin y cols.1995). Sin embargo, estas investigaciones no han explorado la capacidad para desarrollar la psicomotricidad en los niños, y se han limitado tan sólo a describir los comportamientos en algunas tareas como atarse los zapatos, doblarse la ropa o ejercicios de caligrafía, en los grupos investigados (Pascual-Castroviejo, 2004). Frente a estos datos, cabe plantearse si estos niños seguirán siendo torpes o, por contra, mejorarán su psicomotricidad en condiciones donde las actividades que se les exigen son más atractivas y la metodología más comprensible con sus necesidades. 

      Esta investigación pretende estudiar la capacidad de desarrollo psicomotriz  en niños con TDAH mediante ejercicios de lateralidad y coordinación  en un contexto motivador y divertido. 

TDAH Y RELACIONES SOCIALES Un número substancial de sujetos hiperactivos experimentan problemas interpersonales desde la infancia: son rechazados por sus iguales, siendo incluso en ocasiones considerados más impopulares que sus compañeros agresivos. Este rechazo social se desarrolla después de períodos breves de contacto con los compañeros (Erhardt y Hinshaw, 1994) y persiste una vez que se ha establecido. Curiosamente el deterioro social de los niños con TDAH no suele estar relacionado con variables no conductuales, como el atractivo físico, ni parece justificarse por un déficit estrictamente en habilidades sociales. Más bien es su estilo de interacción molesto y poco cooperativo lo que parece provocar el rechazo del grupo de iguales. Cuando intentan relacionarse con otros niños muestran escasas habilidades de comunicación, tienen tendencia a perder el control ante los conflictos o se sienten frustrados, no suelen pedir permiso antes de unirse al juego y si consiguen participar tienden a violar las reglas establecidas. Eso explica que, cuando se integran en grupos nuevos de juego, con lo cual no están arrastrando una reputación social negativa, no tardan en ser rechazados, posiblemente porque emiten señales que molestan a las demás personas. La presencia de agresividad acentúa los problemas que las personas con TDAH tienen en el área social. Las conductas agresivas emergen como el predictor más poderoso del rechazo de los compañeros, explicando un 46% de la varianza de las nominaciones sociométricas negativas, si bien los chicos TDAH con un bajo grado de agresividad sufren también el rechazo de los compañeros (Hinshaw y Melnick, 1995). En efecto, las investigaciones señalan que existen además otros factores contribuyentes: escasa comprensión de los indicadores sociales que son claves para las interacciones sociales, conocer y seguir las reglas que las regulan así como dificultad para superar el egocentrismo en las interacciones con las demás personas (Gentschel y McLaughlin, 2000).  

      Los problemas se agravan cuando se encuentran ante situaciones donde las señales sociales son ambiguas y cambiantes, ante las que suelen adoptar una estrategia de respuesta determinada y fija aunque las demandas de la situación exijan modificarla. Por último, aunque las estrategias sociales de los niños hiperactivos relacionadas con comportamientos pro sociales tales como ayudar a un niño más pequeño no se diferencian significativamente de las de sus compañeros normales, se ha comprobado que poseen un conocimiento social inferior sobre cómo iniciar relaciones y resolver conflictos con los iguales. Estos datos sugieren que las dificultades sociales de estos niños se evidenciarán con mayor claridad ante las situaciones complejas que requieren una aplicación flexible de estrategias.  

      El tema, no obstante, dista mucho de ser simple y las investigaciones no son consistentes en sus resultados. La metodología puede inducir a errores ya que los niños hiperactivos suelen “conocer” las acciones apropiadas pero fracasan en la ejecución. Esto explicaría que cuando se han usado evaluaciones hipotéticas de las habilidades sociales sus tendencias de respuesta no se diferencian de las de sus iguales, mientras que los estudios que se basan en interacciones naturales o manipuladas en las que la emoción está “en caliente”, los niños con TDAH tienen una fuerte reactividad emocional, no expresan adecuadamente sus emociones, ni despliegan estrategias efectivas de resolución de problemas (Casey y Schloser, 1996).  

      Un aspecto en el que coinciden padres, profesores y compañeros, refrendado por las investigaciones, se refiere a la menor empatía de los niños con TDAH. Tienen interpretaciones menos adecuadas de las emociones de las otras personas y, aunque no se observan diferencias en la expresión de emociones positivas, muestran más manifestaciones de tristeza, ira y culpa, (Braaten y Rosén, 2000). En otras palabras, pueden regular sus emociones positivas pero no las negativas y precisamente “es el afecto negativo el menos aceptable socialmente por lo que produce más consecuencias negativas importantes a largo plazo para el individuo” (Barkley, 1997, p.74). 

      La práctica deportiva se concibe con las nuevas corrientes metodológicas, no como una suma de técnicas, sino como un sistema de relaciones entre los diferentes elementos del juego lo que permite determinar la estructura con vista a la realización de un proyecto común (Blázquez 1995: 258). 

      Autores como Villamón y Molina (1999), apuntan que los nuevos métodos de enseñanza llegan al campo de los deportes de lucha a partir de las teorías constructivistas del aprendizaje, caracterizadas principalmente por proponer nuevos aprendizajes en base a las experiencias previas, construyendo de este modo, los nuevos conocimientos.  

      El tatami como lugar de aprendizaje de una serie de habilidades, se presenta como un escenario idóneo para el desarrollo de capacidades físicas y psicológicas que de otra forma sería muy difícil. Las sesiones de judo mediante juegos atractivos (individuales, por parejas y en grupos), permite explorar la evolución de los niños con tdah en múltiples aspectos; emocionales, psicológicos y sociales. 

TDAH Y CONTROL INHIBITORIO DE LA CONDUCTA 

      La teoría que ha desarrollado el profesor Barkley (1997) ofrece una visión comprensiva del trastorno. En este marco el concepto esencial para comprender el amplio espectro de manifestaciones características del TDAH es el “déficit del control inhibitorio de la respuesta” que, de acuerdo con la evidencia disponible, constituye la alteración central del síndrome. A su vez los fallos en este primer acto de autorregulación incidirían de forma negativa en otras funciones neuropsicológicas que dependen de la inhibición conductual para su efectiva ejecución, como la memoria de trabajo, la autorregulación de la motivación y del afecto, el control motor y la atención sostenida. Parece, por tanto, que una buena terapia con tdah debería incidir en este aspecto y se sugiere que la disciplina de determinados deportes enseñada de una forma motivadora, favorecerá al control inhibitorio de la conducta y otras funciones asociadas. 

      En un estudio reciente dirigido por Gronlund y Renck (2005), sugieren que la danza es una buena terapia cuando otros métodos más tradicionales no dan resultado. El estudio se hizo con seis niños y once niñas de edades comprendidas entre los 5 -7 y 13-17 respectivamente. Se llevó a cabo durante cuatro años entre 2001 y 2005. Los resultados fueron positivos pues se ha demostrado mejoría en todos los niños tras la intervención. 


      En “Tatami Terapia”, hacemos hincapié en ejercicios para el control inhibitorio de la respuesta y se proponen juegos didácticos que sirvan para medir los tres aspectos principales de TDAH: la focalización de la atención, el control de la impulsividad y la hiperactividad.  
 

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